Episode Transcript
[00:00:00] Tubas y tubos, episodio 429.
[00:00:06] Muy buenos días a todos. Bienvenidos a Tubas y Tubos, el programa, el podcast en el que hablamos de la tuba, el bombardino, los instrumentos de viento metal, pero también un podcast dedicado a reflexionar sobre los retos de la educación musical en el siglo XXI y todo lo que tiene que ver con el emprendimiento de nuestro sector.
[00:00:23] Hoy episodio 429 del jueves 2 de julio de 2026, en el que quiero hablar de un tema del que seguramente se habla poco en los conservatorios, lo sé bastante bien y que en mi opinión es fundamental para cualquier estudiante que esté cursando enseñanzas superiores de música.
[00:00:41] Y la pregunta es muy sencilla, aunque la respuesta no siempre es cómoda. ¿Sabéis que suele pasar con un músico cinco años después de terminar sus estudios superiores? Y como veis, esto es un temazo para el episodio de hoy, así que quietos ahí. Pero antes, y como siempre os recuerdo de que si queréis mejorar tocando la tuba y el bombardino, otros instrumentos de viento metal, os deis un vistazo a los cursos que puedes encontrar en davidtua. Com. Hay más de 36 masterclasses, así que seguro que podéis encontrar algo que os interese. Y nos metemos directamente en el tema de hoy. Imagina a un estudiante que termina el superior con veintidós, veintitrés o veinticuatro años. Ya tiene su título, ya ha pasado por tribunales, conciertos, audiciones, clases individuales. Pero pasan cinco años. Es decir, ahora tiene entre 27 y 30 años. Y entonces esa persona ya no está dentro de un sistema educativo que le dice qué obra estudiar, qué examen preparar, qué asignatura superar o qué profesor le va a escuchar la semana siguiente. Y ahí aparece la vida real. Porque una cosa es ser buen estudiante dentro del conservatorio y otra muy distinta es construir una carrera profesional fuera del mismo.
[00:01:52] Y este matiz me parece muy importante. Durante los estudios superiores solemos identificar muy rápido a al alumno que tiene más talento.
[00:02:03] Ese alumno que toca muy bien, que tiene un sonido precioso, que aprende rápido, que gana concursos, que destaca en las audiciones internas y parece que básicamente tiene algo especial. Y por supuesto, esto tiene muchísimo valor. No voy a ser yo quien diga que el talento musical no importa. Claro que importa. La facilidad técnica, el oído, la musicalidad, la memoria, la capacidad de aprender repertorio rápido. Todo eso ayuda muchísimo Pero el problema es cuando confundimos talento musical con futuro profesional asegurado. Y aquí viene la idea central del episodio de tocar muy bien es imprescindible para una carrera musical, pero no es suficiente para sostenerla y desarrollarla a lo largo de los años. Y esto, aunque suene duro, lo he visto muchas veces.
[00:02:50] He visto alumnos brillantísimos durante el superior que al terminar se encontraron completamente perdidos. No porque no tocaran bien, tocaban muy bien, algunos tocaban muchísimo. Pero el problema es que no sabían cuál era el siguiente paso. No sabían organizarse sin un profesor detrás. No sabían tomar decisiones importantes. Tampoco sabían gestionar la incertidumbre y enfrentarse a sus miedos. No sabían, por supuesto, preparar una oposición a largo plazo y tampoco moverse para hacer contactos profesionales.
[00:03:21] Tampoco sabían vender su valor como músicos ni cuidar sus relaciones. No sabían aceptar un no. Y no sabían vivir sin la validación constante del aula, del profesor o del entorno del conservatorio. Y claro, cuando desaparece esa estructura, aparece el vértigo. Porque durante muchos años el sistema te ha dicho lo que tienes que estudiar esta obra, prepara este estudio, toca esta escala, prepara esta audición, entrega ese trabajo o ven a esta clase. Pero cuando terminas el superior, nadie te espera al otro lado con un mapa. Y aquí es donde estos primeros cinco años son determinantes.
[00:03:57] No porque en cinco años ya tengas que haberlo conseguido todo, ni mucho menos, porque la carrera musical es una carrera de fondo de muchos años. Pero sí que en esos cinco años suele quedar bastante claro qué tipo de músico estás construyendo. Y aquí encontramos varios perfiles.
[00:04:15] El primer perfil es algo que es el que más o menos muchos hemos visto, que es el músico talentoso pero poco autónomo. Es esa persona que durante los estudios destacó muchísimo, pero que al terminar se quedó esperando a que el mundo reconociera su talento. Y esto es muy peligroso, porque el mercado profesional no funciona como una clase del conservatorio. Una clase, si eres bueno, normalmente el profesor lo ve en una audición. Si eres bueno, puedes pasar de ronda. Pero en la vida profesional hay muchos más constancia, contactos, actitud, disponibilidad, comunicación, humildad, capacidad de trabajo, salud mental, resistencia a la frustración, capacidad de adaptación y, por supuesto, saber estar. Y este último es muy saber estar. Porque un músico profesional no solo toca, también convive, ensaya, llega puntual, responde mensajes, cumple plazos, acepta indicaciones, trabaja con personas, se adapta contextos y entiende que su trabajo forma parte de algo más grande que su propio ego. Y aquí hago una aclaración importante, porque cuando hablo de músico profesional me refiero a toda actividad que se cobra por la que se percibe una remuneración. Y esto va desde bolo con orquestas sinfónicas, bandas profesionales y amateurs, clases privadas, conservatorios, dar clase en conservatorios, dar clase en escuela de música y charangas, por ejemplo.
[00:05:40] Para mí todo esto es vida profesional y tiene el mismo valor y el mismo respeto. Abordamos ahora el segundo perfil, que es el músico, que quizás no era el más brillante durante los estudios, pero tenía algo que es muy poderoso en mi opinión. Claridad.
[00:05:57] Tenía claridad que quería dedicarse a esto. Y algo más importante, también tenía claro que había que pagar un precio. Y ese precio podía ser cambiar de ciudad, cambiar de país, estudiar idiomas, preparar audiciones durante años, hacer cursos, invertir diner, formación, trabajar mientras estudiaba, tocar en proyectos modestos, dar clases particulares, aprender a comunicarse, desarrollar una marca personal, mejorar su organización y convertirse en una persona fiable. Y aquí aparece otra palabra, fiabilidad. En el mundo profesional, ser fiable vale muchísimo. Un músico fiable es alguien que llega preparado, que cumple, que no genera problemas, que aprenden rápido, que trata bien a los demás y que cuando dice que va a hacer algo, lo hace. Y a veces, chicos, esa fiabilidad termina pesando muchísimo más que una genialidad puntual. Porque en una carrera larga no gana solo el que tiene más talento. Gana quien es capaz de sostener buenos hábitos durante mucho tiempo.
[00:06:58] Y esto nos conecta con la práctica deliberada. La investigación sobre el desarrollo de la excelencia lleva décadas insistiendo en el que el rendimiento experto no se explica solo por el talento, sino por años de práctica intensa, organizada, objetivos claros, feedback y corrección constante. Dicho de una forma más sencilla, no basta con tener facilidad, hay que pagar el precio. Y pagar el precio no significa sufrir por sufrir. Significa asumir que si quieres trabajar en una orquesta o una banda profesional o en un conservatorio, necesitas un plan a varios años vista. Normalmente ese plan es de 5 a 7 años. Necesitas saber qué pruebas hay, conocer el repertorio, grabarte, escuchar tus audiciones, preparar simulacros. Necesitas tocar delante de gente, estudiar técnica de forma inteligen cuidar tu cuerpo. Necesitas aprender a descansar y tener una buena relación, una relación sana con tu instrumento. Necesitas leer y comprender las bases de las convocatorias Necesitas saber cómo funciona el sistema y aprender a gestionar tus emociones cuando las cosas no salen bien, porque no van a salir bien siempre. Y esto es un punto fundamental. Muchos músicos talentosos se rompen cuando dejan de ser los mejores. Y durante el conservatorio quizás siempre estuvieron arriba. Eran el alumno fuerte de la clase, el que destacaba, el que recibía elogios. Pero al salir fuera, se encuentran con músicos igual de buenos o mejores, con más experiencia, con más madurez, con más disciplina o con más capacidad de competir. Y ahí, chicos, el ego sufre. Pero ese momento puede ser una bendición si se interpreta bien, porque te obliga a pasar de la identidad de yo soy bueno a la identidad de yo estoy aprendiendo. Y esta diferencia cambia una vida. El músico que se aferra a yo era bueno se queda mirando el pasado. El músico que adopta el yo aprendo empieza a construir su futuro. Por eso, en esos cinco años después del superior, más que demostrar si eras talentoso, demuestra si eres capaz de convertirte en un músico profesional. Y ser profesional implica trabajar tres grandes áreas. La primera es la excelencia musical. Y aquí no hay atención, atajos. Hay que tocar bien, hay que sonar bien, afinar, tener ritmo, hay que conocer los estilos, dominar el repertorio, preparar pruebas y hay que estar en forma. Y esto es así. Es duro a veces, porque es muy sacrificado, pero es así. Es que la excelencia musical necesita esta estructura.
[00:09:28] Si después de terminar los estudios superiores solo estás motivado de vez en cuando, mal asunto, porque la motivación va y viene. Y aquí hay que tener organización que sostiene el estudio y todo lo que hemos hablado. La segunda área es la empleabilidad. Y aquí los músicos solemos fallar bastante, porque pensamos que la empleabilidad es tener suerte o que te llamen. Pero la empleabilidad se trabaja. Se trabaja aprendiendo a hacer contactos sin ser pesado, manteniendo buenas relaciones con compañeros y profesores. Y se trabaja cuidando cómo te presentas, teniendo materiales actualizados, el currículum, vídeos, grabaciones, redes profesionales y una web si hace falta. Se trabaja sabiendo comunicar lo que haces, entendiendo que quizás tu carrera no será solo una cosa, sino una combinación de interpretación, docencia, proyectos, grabaciones, gestión cultural, creación de contenido o emprendimiento.
[00:10:21] Y esto no es un fracaso, es la realidad de muchísimos músicos actuales.
[00:10:26] La tercera área es la madurez personal.
[00:10:30] Y aquí está quizás la parte que menos se habla, porque yo lo digo mucho. Para ser un buen profesional primero tenemos que ser una buena persona. No hay desarrollo profesional sin desarrollo personal.
[00:10:42] Y es que podemos tocar muy bien, pero si no gestionamos la frustración, si no sabemos relacionarnos, si somos desorganizados, si llegamos tarde, si culpas a todo el mundo de tus problemas, si no sabes recibir una crítica, si no sabes trabajar en equipo o si necesitas que alguien te empuje constantemente, tu carrera va a tener un techo muy bajo. La madurez personal no aparece de golpe al terminar el superior. Como podéis imaginar, esto se entrena tomando decisiones y asumiendo consecuencias, pidiendo ayuda y reconociendo los errores. Se entrena desarrollando la inteligencia emocional, aprendiendo a hablar con respeto incluso cuando no estás de acuerdo. Se entrena entendiendo que el talento no te da permiso para tratar mal a nadie. Y aquí quiero lanzar un mensaje especialmente para los estudiantes que están terminando el superior o que lo terminaron hace poco. No esperes a sentirte preparado para empezar. Empieza. Preséntate unas pruebas aunque no estés al 100%. Grábate aunque no te guste escucharte. Escribe a músicos que admires. Busca mentores, haz cursos, toca en proyectos pequeños, da clases si tienes la oportunidad. Aprende a explicar lo que sabes. Aprende a comunicar. Es importantísimo. Por supuesto, también aprende a organizar tu semana, a decir que no. Aprende a decir que sí cuando una oportunidad te da miedo. Pero sabes que te puede hacer crecer. Porque esos primeros años después de superior no son años de espera, son años de construcción. Además, es una cosa muy importante que se puede fallar y podéis meter la pata, porque no suele pasar nada.
[00:12:10] Esta carrera profesional no se construye con grandes momentos tocando en grandes orquestas. Se construye con pequeñas decisiones repetidas durante mucho tiempo. ¿Qué estudias hoy? ¿A quién escribes? ¿Qué pruebas preparas? ¿Qué cursos haces? ¿Cómo tratas a tus compañeros? ¿Cómo respondes a una crítica? ¿Cómo te levantas después de una mala audición? Y una cosa ¿Cómo sigues trabajando cuando nadie te mira? Y esta última frase me parece clave. Lo que haces cuando nadie te mira dice mucho más de tu futuro que lo que haces cuando hay muchas personas mirando. Porque en el conservatorio siempre hay alguien mirando. El profesor, el tribunal, los compañeros, la familia, el sistema. Pero cuando estás fuera, estás solo. Lo repito, estás solo. Has de tirar de ti y hacerte responsable de todo lo que ocurre en tu vida al 100%. Y ahí se ve quién tiene una motivación profunda, quién ha mirado dentro de sí y quién dependía únicamente, pues, de factores externos. Por supuesto, no quiero que este episodio suene pesimista. Lo dejo bien claro. Es más, yo lo que quiero es todo lo contrario. Me parece un mensaje profundamente esperanzador. Porque si el talento no lo es todo, entonces hay muchísimo margen de mejora. Si tu futuro no depende solo de esa facilidad con la que naciste, entonces puedes construirlo. Puedes mejorar tu organización, tu técnica, tu comunicación, tu gestión emocional, aprender idiomas, generar contactos, estudiar de una forma mucho más inteligente y construir proyectos. Puedes convertirte, sin duda alguna, un músico mucho más completo. Y por eso a los profesores también nos toca reflexionar. Quizás no basta con preparar a los alumnos para tocar muy bien en la recta final. También tenemos que hablarles de cómo es la vida después de qué ocurre cuando ya no hay una clase semanal. De cómo se prepara una oposición, de cómo se vive una etapa de incertidumbre. De la importancia de construir una marca personal y una red profesional. De cuidar tu salud mental, de aprender a gestionar e invertir el dinero. De cómo se toman decisiones. De cómo se desarrolla una carrera real, no idealizada. Porque formar músicos no debería ser solo formar intérpretes. Debería ser formar personas capaces de sostener una vida musical.
[00:14:22] Así que, a modo de cierre, me gustaría dejaros con esta cinco años después de terminar el Superior, la diferencia no suele estar solo en quien tocaba mejor con 22 años. La diferencia suele estar en quién supo seguir aprendiendo cuando ya nadie le obligaba. Quién supo adaptarse, quién supo pagar el precio, quién supo combinar talento con trabajo, inteligencia emocional, organización, comunicación, humildad y perseverancia. Porque el talento puede ponerte en el mapa, pero son tus hábitos, tus decisiones y tu actitud los que determinan si puedes recorrer el camino. Y ahora os lanzo una Si terminasteis tus estudios hace más de cinco años, ¿Qué habilidad os habría gustado trabajar antes? Y si estás estudiando ahora en el Superior, ¿Qué estás haciendo hoy para que tu yo dentro de 5 años tenga más oportunidades?
[00:15:13] Os leo en comentarios. Esto es todo por hoy. Muchas gracias a todos por vuestras valoraciones de 5 estrellas en iTunes, vuestros me gusta y comentarios en iBook, YouTube, Spotify. Gracias por suscribirse a los cursos para hacer este podcast sostenible. Y en resumen, muchas gracias a todos por vuestro apoyo, ya que Sin él esto no sería posible. Como siempre, nos escuchamos el próximo jueves a las 8 y 8. Chao, chao.