Episode Transcript
[00:00:00] Tubas y tubos, episodio 425.
[00:00:06] Muy buenos días a todos, bienvenidos a Tubas y Tubos, el programa, el podcast en el que hablamos de la tuba, el bombardino, los instrumentos de viento metal, pero también un espacio dedicado a reflexionar sobre los retos de educación musical en el siglo XXI y todo sobre el emprendimiento de nuestro sector.
[00:00:22] Hoy, episodio 425 del jueves 28 de mayo de 2026, en el que quiero hacer un episodio un poco diferente, pero en mi opinión muy necesario, ya que surge a raíz de la audición del tercer trimestre que celebramos ayer en el Conservatorio Profesional de Música de Palencia, donde los alumnos de Tuve Bombardino cerraron el curso subiéndose al escenario y mostrando parte del trabajo realizado durante estos meses. Y digo parte del trabajo porque precisamente de eso quiero hablar hoy, de lo que no se ve. Porque el público ve una audición, un concierto que dura cinco, diez, quince minutos, y ve a un alumno salir al escenario, colocarse, respirar, tocar una obra, recibir un aplauso y marchar.
[00:01:04] Pero detrás de ese momento hay muchísimo más. Hay horas de clase, horas de estudio individual, ensayos con el pianista, ensayos de banda, de orquesta, buenos días, días malos, frustraciones, cansancios, nervios, dudas, errores, etc. Y creo que esto hay que ponerlo en valor, porque el Conservatorio no es simplemente un lugar donde se aprende a tocar un instrumento. El Conservatorio, al menos en mi opinión, es una escuela de esfuerzo, de disciplina y de vida. Pero antes de comenzar, y como siempre, quiero recordaros que en davidtuba. Com podéis acceder a mis cursos online para aprender a tocar la tuba, el bombardino y otros instrumentos de viento metal, así como formaciones más transversales sobre el estudio, productividad, emprendimiento, miedo escénico y desarrollo musical. Y dicho esto, abordamos el tema de hoy.
[00:01:53] Muchas veces hablamos del alumno del Conservatorio como si sólo estudiara música. ¿Y? Y no. La mayoría de nuestros alumnos tienen una vida académica completa fuera del Conservatorio. Van al colegio, al instituto o a la universidad. Tienen exámenes, deberes, trabajos, madrugones, actividades familiares y muchas veces, cansancio acumulado. Y después de todo eso, cuando muchos chicos y chicas terminan su jornada, ellos todavía tienen que venir al Conservatorio. Y aquí no vienen a pasar el rato, vienen al lenguaje musical, a la clase individual, a banda, a la orquesta, música de cámara pública, piano complementario, o hacer ensayos. Y luego además tienen que estudiar en casa. Y esto es muy importante entenderlo. Porque un alumno de conservatorio no solo está aprendiendo a tocar una escala, un estudio de roadshoot o una obra con piano o un solo en banda. Está aprendiendo a organizarse, a sostener su compromiso a largo plazo. Está aprendiendo a que no todo puede depender de lo que hoy me apetece o de lo que hoy estoy motivado a hacer. Y esto, en una sociedad en la que muchas veces todo se quiere rápido, cómodo e inmediato, pues yo creo que tiene un valor enorme. Porque aprender un instrumento es justo lo contrario. Es lento, exigente, progresivo y muchas veces incómodo. Y ahí es donde aparece el verdadero aprendizaje. Y esto no sólo pasa con niños o adolescentes. En los conservatorios también tenemos alumnos adultos, personas que trabajan, que tienen responsabilidades familiares, que llegan a casa cansadas después de una jornada laboral y aún así siguen apostando por aprender música. Y esto tiene muchísimo mérito, porque cuando un adulto decide estudiar un instrumento muchas veces no lo hace porque vaya a dedicarse profesionalmente a ello. Normalmente nunca va a ser así. Lo hace porque quiere crecer, porque quiere cumplir una ilusión o porque quiere demostrarse que todavía puede aprender algo difícil. Y aprender un instrumento de viento metal siendo adulto os aseguro que no es fácil. Hay que coordinar el canto interno con la respiración, la vibración de los labios, la lengua, la los dedos, etc. Y además hay que enfrentarse a una idea que a los adultos nos cuesta mucho.
[00:04:04] Volver a ser principiantes, volver a equivocarse, a no controlar, a sentirse torpes. Y eso, si se gestiona bien, es un aprendizaje brutal. Porque nos recuerda algo que muchas veces hemos que crecer implica exponerse. Y luego llega la audición. Y aquí quiero detenerme un momento, porque desde fuera una audición puede parecer algo sencillo. El alumno ha estudiado la obra, sale al escenario y la toca. Pero la realidad es bastante más compleja. Primero porque el alumno suele trabajar esa obra en el aula. Un aula que conoce, con una acústica que ya le es familiar, con su profesor delante, en un entorno relativamente seguro. Después quizás ensaya con un piano en otra sala, una sala más pequeña, con otras sensaciones, con otro tipo de resonancia. Y finalmente llega al auditorio. Más espacio y más distancia, público, silencios incómodos. En definitiva, más presión. Y ahí todo cambia. Cambia la acústica, la forma en la que el alumno se escucha, cambia la respuesta del instrumento, etcétera. Y esto para un alumno es un reto enorme. Por ejemplo, un alumno que puede haber tocado una frase perfectamente en clase con un buen sonido y una buena respiración, al llegar al auditorio puede sentir que el sonido se pierde, que no llega, entonces intenta tocar más fuerte, al tocar más fuerte se tensa, al tensarse respira peor, y al respirar peor la frase no llega y de repente aparece la frustración, o puede pasar que un pasaje que en clase salía bien, en la audición falla simplemente porque el cuerpo está en otro estado emocional, el corazón va más rápido, la boca está más seca, las manos están más frías o sudorosas, la respiración es más alta y cerrada y por lo tanto no sale. Y esto no significa que el alumno no haya trabajado, significa que está aprendiendo a tocar en condiciones reales y eso sólo se aprende a haciéndolo.
[00:05:58] Y aquí aparece uno de los grandes regalos de la educación, aprender a gestionar la frustración.
[00:06:04] Porque en música las cosas no salen siempre, más bien salen pocas veces. Y eso es parte del proceso. Un alumno estudia un pasaje durante días y el día de la audición falla. Una nota grave no responde, una entrada con piano se adelanta, una respiración se queda corta, una frase se cae, al final un ataque no sale limpio. Y claro, eso duele porque el alumno sabe el trabajo que hay detrás. Pero aquí está el aprendizaje. La clave no es evitar la frustración, la clave es aprender a convivir con ella, aprender a mirar el error no como una sentencia, sino como una información.
[00:06:39] Esto ha fallado ¿Por qué? ¿Ha sido la respiración, la tensión, la falta de estudio lento? ¿Ha sido que no he ensayado lo suficiente en un espacio grande? Quizás no ha simulado la presión. Y esta forma de pensar sirve para la música, pero también sirve para la vida, porque en la vida también hay exámenes que no salen, como entrevistas de trabajo que no funcionan, proyectos que fracasan, conversaciones difíciles, momentos de presión. Y el alumno que ha aprendido música durante años tiene una ventaja, ya sabe lo que significa prepararse, exponerse, fallar, analizar y volver a intentarlo. Y esto es oro. Y esto no solo es una sensación que tenemos los profesores, Las investigaciones llevan años estudiando qué impacto tiene la formación musical en el desarrollo de niños y jóvenes. Y aquí, pues nos tenemos que poner serios. Por supuesto, no podemos decir alegremente que estudiar música mejora absolutamente todo, porque la ciencia no funciona así. Pero sí hay evidencias interesantes. Por ejemplo, la revisión sistemática publicada en The Frontiers in Psychology analizó estudios sobre formación musical y funciones ejecutivas en niños y encontró indicios de beneficios, especialmente en el control inhibitorio y en menor medida, en la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva. ¿Y esto qué significa llevado al aula? Pues el control inhibitorio es, por ejemplo, esperar tu entrada, no tocar antes de tiempo, escuchar el piano antes de entrar, no dejarte arrastrar por los nervios. La memoria de trabajo es mantener en la cabeza el ritmo, afinación, digitación, respiración, el fraseo mientras estás tocando. Y la flexibilidad cognitiva es adaptarte cuando el pianista respira distinto, cuando la sala responde de otra manera, o cuando algo no sale como esperabas y tienes que seguir.
[00:08:21] Además, hay otra parte fundamental que muchas veces tampoco se tocar con otros. Porque una cosa es estudiar solo en casa, y una muy distinta es tocar una banda, una orquesta o en un quinteto de metales. Y ahí el alumno aprende algo que no aparece igual en el estudio individual. Aprende a escuchar, a ceder, aprende a liderar cuando toca y acompañar cuando no es el protagonista. Aprende que su parte puede ser sencilla, pero es esencial para que el conjunto funcione. Y esto en la tuba y el bombardino lo sabemos muy bien, porque a veces tenemos líneas aparentemente simples, notas largas, bajos o acompañamientos, pero si no está afinado, si no está estable, si no tiene buen pulso, todo el edificio se tambalea. Y eso enseña humildad y responsabilidad, que no siempre hay que brillar para ser importante. Por otro lado, en un quinteto de metales, el alumno aprende a respirar con otros, ajustar dinámicas, a equilibrar planos sonoros, a respetar el discurso musical de los compañeros y. Y en una banda aprende a formar parte de algo más grande. En una orquesta aprende que cada entrada tiene una función dentro de un tejido sonoro enorme. Y esto también forma parte de la vida, porque en cualquier trabajo, en cualquier familia, en cualquier proyecto, necesitamos aprender a colaborar. No todo va de destacar, sino de sumar. Por eso, cuando alguien me pregunta qué aporta estudiar en un conservatorio, yo cada vez lo tengo más claro. Por supuesto, aporta música, técnica, repertorio, cultura, sensibilidad artística.
[00:09:47] Pero aporta otras Aporta disciplina, porque hay que estudiar aunque no siempre te apetezca paciencia, porque los resultados tardan en llegar humildad, porque el instrumento te recuerda cada día que siempre hay algo que mejorar resiliencia, porque hay errores, audiciones difíciles y momentos de duda aporta capacidad de concentración, porque te exige estar en el presente y aporta gestión emocional, porque subirse a un escenario no es cualquier cosa. Y esto, sinceramente, es algo que deberíamos explicar mucho mejor a las familias y a la sociedad. Porque muchas veces el conservatorio se ve como una carga más, como una actividad de tarde o como otro horario complicado. Pero no, El conservatorio, bien entendido, es una inversión educativa enorme, no solo para formar músicos profesionales, también para formar personas más sensibles, constantes, más capaces de esforzarse y más preparadas para afrontar retos.
[00:10:42] Esto es todo. Muchas gracias por estar ahí, por escuchar tubas y tubos, por apoyar este proyecto y por seguir poniendo en valor la educación musical. Como siempre, os escuchamos el próximo jueves a las 8 y 8. Feliz día.