Episode Transcript
[00:00:00] Tubas y tubos episodio 422.
[00:00:06] Muy buenos días a todos, bienvenidos a Tubas y Tubos, el programa, el podcast en el que hablábamos de la tuba, el bombardino, los instrumentos de viento metal, pero también un podcast dedicado a reflexionar sobre los retos de la educación musical en el siglo XXI, el aprendizaje, la pedagogía y todo lo que tiene que ver con el emprendimiento de nuestro sector. Hoy, episodio 422 del jueves 7 de mayo de 2026 en el que quiero hablar de un tema que considero fundamental. ¿Cuáles son los superpoderes que nos da estudiar un instrumento musical? Y digo esto porque a veces los músicos caemos en una defensa un poco emocional de la música. Decimos aquello de la música es buenísima, la música mejora el cerebro, la música hace mejores personas.
[00:00:48] Y aunque estoy bastante de acuerdo con esa idea general, creo que es importante explicar bien el porqué. Porque estudiar música no es simplemente aprender a tocar una canción, una escala o una obra para una audición. Estudiar música es entrenar el cerebro, el cuerpo, la atención, la memoria, la escucha, la paciencia, la disciplina, sensibilidad, resiliencia, etc.
[00:01:12] Y por eso hoy quiero centrarme en una idea que para mí es clave. No todos los alumnos que estudian música van a ser músicos profesionales y no pasa absolutamente nada, pero todos los alumnos que estudian música se llevarán herramientas valiosísimas para su vida. Y antes de comenzar y como siempre, quiero recordaros que en davidtuba. Com podéis acceder a mis cursos online para aprender a tocar la tuba, el bombardino, otros instrumentos de viento metal, así como formaciones más transversales sobre estudio, productividad, emprendimiento, miedo escénico y desarrollo musical. Y dicho esto, abordamos el tema de hoy. Y lo primero que quiero es centrarnos en la parte cerebral. Cuando un niño, un adolescente o incluso un adulto toca un instrumento, su cerebro no está haciendo una sola cosa. Es más, está haciendo muchísimas cosas al mismo tiempo.
[00:02:02] Está leyendo símbolos musicales, anticipando ritmos, cantando la música, escuchando el contexto sonoro, coordinando dedos, respiración, lengua, labios, postura, memoria, intención musical y emoción. Es decir, tocar un instrumento es una actividad tremendamente compleja desde el punto de vista cerebral. Por eso se habla tanto de la relación entre música y plasticidad cerebral, que es la capacidad del cerebro para cambiar, adaptarse y reorganizarse a partir de la experiencia.
[00:02:31] En este sentido, hay una revisión de Habibi y colaboradores sobre entrenamiento musical y desarrollo infantil que concluye que la formación musical puede incluir cambios cerebrales y conductuales en los niños, y que esos cambios no se explican únicamente por diferencias previas entre los niños que hacen música y las que no lo hacen. Esto es importante porque durante mucho tiempo se ha planteado una duda razonable. ¿Los niños que estudian música desarrollan más ciertas capacidades por hacerlo o o simplemente los niños con ciertas capacidades son los que tienden a estudiar música? Y la respuesta científica, siendo prudentes, parece apuntar a que hay algo de las dos cosas, pero que el entrenamiento musical en sí mismo sí tiene impacto. Ahora bien, cuidado. No debemos vender la música como una píldora mágica. No se trata de si tu hijo estudia música, automáticamente será más inteligente, porque esto sería una simplificación bastante peligrosa. Lo que sí podemos decir con rigor es que estudiar un instrumento entrena capacidades muy importantes como la atención, la memoria, la escucha, la coordinación, la lectura, la anticipación, el control corporal y la sensibilidad auditiva. Y esto, evidentemente, tiene un valor educativo enorme. El segundo bloque tiene que ver con el aprendizaje. En mi opinión, aprender música se parece mucho al aprendizaje de un idioma. No es exactamente lo mismo, evidentemente, pero comparte muchas escucha, repetición, imitación, lectura, símbolos, estructura, fraseo, entonación, memoria, expresión. Un niño que aprende música aprende también a leer un código, aprende que un símbolo escrito en una partitura tiene una traducción sonora, aprende a que el ritmo tiene una organización, aprende que el silencio también forma parte del discurso, aprende que no basta con tocar las notas, hay que darles un sentido. Además, hay investigaciones muy interesantes sobre cómo el entrenamiento musical puede fortalecer habilidades auditivas que no se quedan solo en la música. Son numerosos los estudios que muestran la relación entre música y procesamiento auditivo, señalando que la formación musical puede favorecer la plasticidad neuronal y mejorar la forma en la que el cerebro procesa sonidos, incluyendo, por supuesto, los que realizamos al hablar.
[00:04:48] Y esto tiene mucho sentido si lo pensamos desde un punto de vista de la práctica diaria. Cuando un alumno toca en una banda, en una orquesta o en un grupo de cámara, o incluso en una clase individual, tiene que escuchar modelos, muchas capas de información, su sonido, el sonido del profesor, el piano, la afinación, el tempo, los ataques, las respiraciones, la armonía y el contexto musical está entrenando el oído constantemente. También existen estudios que encuentran que los niños que recibieron clase de música mostraron mayores incrementos en medidas de coeficiente intelectual que los grupos de control. El efecto era relativamente pequeño pero aparecía de forma generalizada en las distintas medidas.
[00:05:29] Y aquí de nuevo quiero insistir en la prudencia. Aquí el tema no se trata de decir la música sobre el coeficiente intelectual como si fuera una máquina de un gimnasio para el cerebro. Pero sí podemos afirmar que el estudio musical es una actividad intelectualmente exigente que entrena la atención sostenida, la memoria de trabajo, la coordinación y la capacidad de aprendizaje a medio y largo plazo. Y esto en niños de ocho, diez, once, doce, catorce, dieciséis, diecisiete años. Ya sabéis, los que están estudiando en el conservatorio, en las escuelas de música.
[00:05:59] Para ellos es tremendamente valioso porque justo en estas edades se están formando hábitos, identidad, capacidad de esfuerzo y relación con el aprendizaje. El tercer bloque es para mí uno de los más importantes. Es el dedicado a la parte emocional. Estudiar un instrumento musical implica enfrentarse constantemente a la dificultad. Hay días en los que el sonido no sale, pasajes que se atascan, hay obras que parecen demasiado difíciles, audiciones que generan nervios, hay comparaciones con otros compañeros. Hay momentos en los que el alumno piensa esto no es para mí. Y precisamente aquí está una de las mayores riquezas de la educación musical. Porque la música enseña que el error no es un fracaso. El error es información.
[00:06:41] Cuando una nota no sale, cuando un ritmo se cae, cuando una frase no respira bien, el alumno tiene una oportunidad para observar, corregir y volver a intentarlo. Y esto desarrolla una cualidad fundamental para la vida, la resiliencia. Y la resiliencia no se aprende leyendo una frase motivacional en Instagram. Se aprende viviendo procesos difíciles acompañado por un buen profesor y comprobando que con trabajo, paciencia y constancia las cosas mejoran. Además, hay revisiones sobre el uso educativo de la música en niños que señalan beneficios en inteligencia emocional, rendimiento académico y habilidades prosociales. Una revisión publicada en el 2021 sobre niños de 3 a 12 años encontró efectos beneficiosos de la música en el desarrollo emocional, incluyendo la inteligencia emocional y conducta prosocial.
[00:07:31] Esto conecta directamente con lo que vemos en el.
[00:07:34] La música ayuda al alumno a conocerse, a saber cómo reacciona ante la presión, a gestionar la frustración, a controlar los nervios, a esperar, a escuchar, a aceptar que no todo sale a la primera. Y. Y esto, como ya os podéis imaginar, es importantísimo. Porque muchas veces en educación hablamos de la autoestima, pero confundimos autoestima con decirle al niño que todo está bien. Y no, la música desarrolla una autoestima mucho más sana, una autoestima basada en el progreso real. El alumno ve que algo que antes no podía tocarlo, ahora sí lo puede tocar. Que algo que antes le parecía imposible, ahora empieza a salir. Que una dificultad que parecía enorme con trabajo se vuelve mucho más manejable. Esto construye una confianza muy profunda.
[00:08:17] No es una confianza artificial, sino una confianza basada en la experiencia. Y pasamos ahora al cuarto bloque, que tiene que ver con la dimensión social.
[00:08:25] Y aquí la música tiene algo maravilloso. Se puede estudiar sola, pero se vive con otros. Un alumno puede practicar en casa, puede tener una clase individual, puede trabajar técnicas, escalas, estudios, ya sabéis. Pero tarde o temprano la música le lleva al grupo, a la banda, a la orquesta, al ensamble, al grupo de cámara, a una audición, a un concierto o una actividad colectiva. Y cuando un alumno toca con otros, aprende algo muy que su parte individual afecta al resultado colectivo.
[00:08:52] Si no estudia, el grupo lo nota. Si toca demasiado fuerte, tapa a los demás. Si no escucha, se desajusta. Si no respeta el tempo, arrastra el conjunto. Si no respira con los demás, rompe la frase. Esto es una lección brutal de convivencia. Porque el trabajo en equipo en música no es teoría, no es un cartel bonito en una pared, es una experiencia directa.
[00:09:11] El alumno aprende a escuchar al otro, a adaptarse, a asumir responsabilidades, a respetar una dirección común y a entender que hay momentos en los que uno lleva la melodía y momentos en los que tiene que acompañar. Y esto, llevado a la vida, es oro. Porque en cualquier profesión, en cualquier familia, en cualquier proyecto, necesitamos personas que sepan escuchar, colaborar, asumir su parte, su rol y entender que no siempre son el centro. La música educa en comunidad. Y esto es especialmente importante en una sociedad donde cada vez hay más estímulos individuales, pantallas, consumo rápido y poca paciencia para construir algo junto a otros, en una banda, una orquesta, una charanga, el alumno aprende que formar parte de algo más grande tiene un valor enorme. Y nos vamos a por el quinto y último bloque, que tiene que ver con la vida adulta. Porque estudiar música no sólo tiene sentido en la infancia o la adolescencia, tiene mucho sentido también en los adultos. De hecho, cada vez me parece más importante defender que una persona adulta pueda aprender un instrumento sin complejos y sin pensar que ya es tarde o o que esto solo es para niños, porque nunca es tarde para aprender música. Evidentemente, el cerebro de un adulto no aprende exactamente igual al de un niño. Hay más condicionantes, a veces más vergüenza, más bloqueos, menos tiempo, más obligaciones y a veces incluso da más miedo al error. Pero también hay muchas más ventajas. Tiene más conciencia, más capacidad de análisis, más motivación interna y una comprensión más profunda de lo que se quiere conseguir.
[00:10:41] En adultos, tocar un instrumento puede ser una actividad potentísima para mantener la mente activa, trabajar la memoria, mejorar la coordinación, reducir el estrés, generar bienestar y crear espacios de relación social.
[00:10:53] Eso sí, de nuevo hay que ser rigurosos. No podemos decir que tocar un instrumento vaya a evitar por completo el deterioro cognitivo o que sea una especie de vacuna contra todos los problemas cerebrales, porque esto no es así. La evidencia en adultos apunta a beneficios interesantes, pero también en estudios y revisiones que insisten en que hace falta investigaciones más sólidas para afirmar algunas cos con total seguridad. Por lo tanto, yo la formularía así tocar un instrumento en la edad adulta es una actividad altamente estimulante para el cerebro, emocionalmente significativa, socialmente enriquecedora y culturalmente valiosa. Y yo creo que, en mi opinión, esto ya es muchísimo. Además, estudiar música en la edad adulta conecta con una idea que para mí es el aprendizaje continuo. Y creo que esto es una de las grandes lecciones que la música puede aportar a cualquier persona.
[00:11:43] Así que, después de todo esto, volvemos a la idea inicial. Estudiar música no sirve únicamente para formar músicos profesionales. Por supuesto, algunos alumnos van a llegar al conservatorio superior y vivirán de la música, pero muchos otros no. Es más la mayoría. Y eso no significa que su paso por la música, por el conservatorio o por la escuela de música haya sido inútil. Al contrario. Un alumno que estudia música durante varios años se lleva una mochila llena de herramientas para la vida la atención, la memoria, la disciplina, sensibilidad escucha, paciencia, constancia, trabajo en equipo, resiliencia, cultura y capacidad de esfuerzo. Y esto me parece fundamental que lo entendamos como sociedad, porque cuando una familia apunta a su hijo a una escuela de música, a una banda, a un conservatorio, no le está dando simplemente una actividad extraescolar, le está dando una forma de desarrollar su cerebro, su carácter, su sensibilidad y su manera de relacionarse con el mundo.
[00:12:39] Y por eso, aunque ese alumno nunca llegue a vivir de la música, estoy convencido que la música sí vivirá dentro de él durante toda su vida. Y ahora me gustaría saber vuestra opinión. ¿Creéis que estudiar música os ha ayudado más allá del instrumento? ¿Os ha hecho más constantes, más sensibles, más disciplinados o más capaces de trabajar con otros? Os leo en comentarios porque creo que en este tema merece la pena una reflexión colectiva y profunda.
[00:13:03] Bueno, esto es todo. Muchísimas gracias por vuestras valoraciones de 5 estrellas en iTunes, vuestros me gusta y comentarios en Ivoox, YouTube, Spotify. Gracias por suscribiros a los cursos para hacer este podcast sostenible y en resumen, muchas gracias a todos por vuestro apoyo, ya que sin él esto no sería posible. Como siempre, nos escuchamos el próximo jueves a las 8 y 8. Feliz día.